Redacción Frontera Ink.
México ha reconsiderado la fracturación hidráulica para explotar yacimientos no convencionales en un giro de su política energética. La decisión responde a una caída del 70% en las reservas probadas de gas natural, lo que el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) subraya como urgencia.
El fracking es una técnica que inyecta agua, arena y químicos a alta presión para romper rocas de esquisto y extraer petróleo o gas. Permite acceder a formaciones rocosas inaccesibles, distinto a los métodos convencionales de extracción de hidrocarburos.
La controversia se centra en riesgos de contaminación de acuíferos, alto consumo de agua y emisiones de metano. Para mitigarlos, son cruciales el revestimiento de pozos, tratamiento de aguas y monitoreo de fugas.
Este cambio de política contrasta con una iniciativa previa que buscaba prohibir el fracking sin éxito legislativo. El debate considera la capacidad de Petróleos Mexicanos (Pemex) sin experiencia, limitaciones de inversión privada y la fuerte competencia con el gas de Texas.
Las reservas probadas de gas natural en México disminuyeron de 41.38 billones de pies cúbicos en 2001 a 12.29 billones en 2024. Esta reducción impactó la producción nacional e impulsó la dependencia de importaciones, mayormente de Estados Unidos. En contraste, Estados Unidos casi duplicó su producción entre 2008 y 2026, alcanzando 119 mil millones de pies cúbicos diarios gracias a yacimientos no convencionales, y el año pasado exportó 6.6 mil millones de pies cúbicos diarios a México para su industria y generación eléctrica.
La viabilidad económica es un desafío clave. Con precios Henry Hub de 3.5 USD/MMBtu promediando entre 2020 y 2026, la rentabilidad depende de la escala. Estados Unidos opera con costos competitivos (2–4 USD/MMBtu), mientras México enfrentaría mayores costos por falta de infraestructura y experiencia, limitando su competitividad.
La presidenta Claudia Sheinbaum defendió el jueves la apertura al fracking, argumentando “nuevas tecnologías de bajo impacto ambiental” para fortalecer la soberanía. Diferenció estas técnicas del fracking tradicional, que consideró de “impactos ambientales graves”, ante críticas ecologistas.
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