Salud: Infartos severos se vuelven más letales para los adultos jóvenes.

Redac­ción Fron­tera Ink.

Aunque la med­i­c­i­na mod­er­na ha logra­do que los ataques al corazón sean menos mor­tales en las últi­mas décadas, un nue­vo estu­dio pub­li­ca­do este jueves en el Jour­nal of the Amer­i­can Heart Asso­ci­a­tion rev­ela un giro pre­ocu­pante: la tasa de mor­tal­i­dad por infar­tos severos ha aumen­ta­do entre los adul­tos menores de 55 años. La inves­ti­gación sug­iere que los fac­tores de ries­go tradi­cionales, como el coles­terol alto, ya no son los úni­cos cul­pa­bles de esta ten­den­cia en las gen­era­ciones más jóvenes.

El estu­dio anal­izó datos de casi un mil­lón de hos­pi­tal­iza­ciones entre 2011 y 2022, dis­tin­guien­do entre los infar­tos leves (NSTEMI) y los severos (STEMI), estos últi­mos cau­sa­dos por la obstruc­ción total de una arte­ria coro­nar­ia. Los resul­ta­dos mues­tran que, mien­tras la mor­tal­i­dad en per­sonas may­ores sigue bajan­do, en el grupo de 18 a 55 años la tasa de muertes por infar­tos severos subió un 1.2%. El Dr. Mohan Satish, líder de la inves­ti­gación en el New York Pres­by­ter­ian, advierte que el ries­go de un ataque cardía­co no debe tomarse a la lig­era, espe­cial­mente cuan­do entran en juego fac­tores de ries­go no con­ven­cionales.

El análi­sis rev­eló que condi­ciones como las enfer­medades renales, el bajo niv­el de ingre­sos y el his­to­r­i­al de uso de dro­gas no rela­cionadas con el taba­co están más fuerte­mente aso­ci­adas con la muerte por infar­to en jóvenes que los prob­le­mas clási­cos de pre­sión arte­r­i­al. Además, el estu­dio desta­ca una brecha de género alar­mante: aunque el aumen­to de muertes fue may­or en hom­bres jóvenes, las mujeres de la mis­ma edad siguen tenien­do más prob­a­bil­i­dades de morir tras un infar­to severo. Según Satish, esto se debe en parte a que las mujeres reciben menos pro­ced­imien­tos médi­cos y pre­sen­tan com­pli­ca­ciones más graves, como el choque car­dio­géni­co.

Estos hal­laz­gos abren una nue­va ruta para que médi­cos y pacientes entablen con­ver­sa­ciones tem­pranas sobre la salud car­dio­vas­cu­lar. La recomen­dación de los exper­tos es no esper­ar a la vejez para mon­i­tore­ar el corazón y con­sid­er­ar cómo los ele­men­tos del esti­lo de vida y el entorno socioe­conómi­co están ele­van­do el peli­gro. Para la comu­nidad médi­ca, el reto es cer­rar la brecha en el tratamien­to de mujeres jóvenes y enten­der que el per­fil del paciente con ries­go de infar­to está cam­bian­do drás­ti­ca­mente en este siglo.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Ed Cara para Giz­mo­do y datos del Jour­nal of the Amer­i­can Heart Asso­ci­a­tion.