Rompiendo el espiral: Cómo la ciencia ayuda a silenciar el “síndrome del impostor” en el trabajo.

Redac­ción Fron­tera Ink.

El pen­samien­to neg­a­ti­vo puede ser un ene­mi­go silen­cioso en el entorno lab­o­ral. Fras­es como soy un fraudeno soy lo sufi­cien­te­mente inteligente o estoy fal­lan­do en mi puesto sue­len apoder­arse de la mente, inclu­so tras alcan­zar grandes éxi­tos. Este fenó­meno, cono­ci­do como el sín­drome del impos­tor, es espe­cial­mente común entre mujeres y gru­pos vul­ner­a­bles, cre­an­do cic­los de duda que afectan el desem­peño y el bien­es­tar emo­cional. Sin embar­go, exper­tos en salud men­tal ase­gu­ran que es posi­ble inter­rum­pir este espi­ral medi­ante téc­ni­cas probadas de reen­cuadre cog­ni­ti­vo.

La clave para com­bat­ir estas ideas rad­i­ca en la Ter­apia Cog­ni­ti­vo-Con­duc­tu­al (TCC). Judith Beck, pres­i­den­ta del Insti­tu­to Beck, expli­ca que el primer paso es iden­ti­ficar estos pen­samien­tos automáti­cos y some­ter­los a un juicio de real­i­dad. Ayu­damos a las per­sonas a eval­u­ar qué tan pre­cisos son esos pen­samien­tos, señala Beck. Si la idea de “no soy bueno en mi tra­ba­jo” no se sostiene con evi­den­cia real —como eval­u­a­ciones pos­i­ti­vas o metas cumpl­i­das—, el obje­ti­vo es reem­plazarla por una per­spec­ti­va más real­ista y neu­tral.

La cien­cia expli­ca que nue­stro cere­bro está evo­lu­ti­va­mente pro­gra­ma­do para enfo­carse en lo neg­a­ti­vo como un mecan­is­mo de super­viven­cia; en la era de las cav­er­nas, estar aler­ta al peli­gro salv­a­ba vidas. El prob­le­ma mod­er­no surge cuan­do “fil­tramos” los elo­gios y max­i­mizamos los errores. Psicól­o­gos sug­ieren ejer­ci­cios prác­ti­cos para debil­i­tar estas creen­cias, como escribir la frase neg­a­ti­va y leer­la al revés, o sim­ple­mente deten­erse a pre­gun­tar: ¿Real­mente dijeron que mi tra­ba­jo es ter­ri­ble o solo me pidieron ajus­tar un detalle?

Ini­cia­ti­vas educa­ti­vas, como las imple­men­tadas en dis­tri­tos esco­lares de Boston, están lle­van­do estas her­ramien­tas inclu­so a los admin­istradores y mae­stros, quienes admiten enfrentar estos mis­mos retos. Al prac­ticar mantras pos­i­tivos con fuerza y fre­cuen­cia, se for­t­alece el “mús­cu­lo del pen­samien­to salud­able”. La meta no es la per­fec­ción, sino desar­rol­lar la capaci­dad de decirse a uno mis­mo: He toma­do bue­nas deci­siones hoy y mañana puedo inten­tar­lo de nue­vo, trans­for­man­do la ansiedad en una con­fi­an­za basa­da en hechos.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Cathy Busse­witz para Asso­ci­at­ed Press y datos del Insti­tu­to Beck.