Periodista Documenta su Fracaso al Intentar Desaparecer de Internet.

Frontera Ink

Redac­ción Fron­tera Ink.

Max Eddy, un peri­odista espe­cial­iza­do en pri­vaci­dad y seguri­dad, doc­u­men­tó su fal­li­do inten­to de desa­pare­cer por com­ple­to de inter­net, un pro­ce­so que rev­eló la per­sis­ten­cia de datos per­son­ales a través de corre­dores de infor­ma­ción, redes sociales y reg­istros públi­cos. Su esfuer­zo, actu­al­iza­do al 25 de junio de 2025, sub­raya la difi­cul­tad extrema de erradicar la huel­la dig­i­tal acu­mu­la­da durante décadas.

Eddy emprendió el proyec­to, en parte, inspi­ra­do por un ami­go que logró desvanecerse de la red, y por su propia expe­ri­en­cia pro­fe­sion­al aseso­ran­do sobre seguri­dad online. Des­cubrió que, una vez que la infor­ma­ción per­son­al está en línea, su elim­i­nación total es “casi imposi­ble”, inclu­so con el conocimien­to de un exper­to en el cam­po.

El peri­odista comen­zó por bus­car su pro­pio nom­bre en motores de búsque­da, lo que lo llevó a corre­dores de datos que vendían direc­ciones, números de telé­fono e his­to­ri­ales de res­i­den­cia, a menudo con impre­ci­siones. Aunque Google ofrece her­ramien­tas para lim­i­tar resul­ta­dos de búsque­da, los sitios orig­i­nales retienen la infor­ma­ción. Max Eddy probó nueve ser­vi­cios de elim­i­nación de datos, gas­tan­do cien­tos de dólares y sem­anas, para mit­i­gar esta exposi­ción.

La gestión de cuen­tas en redes sociales como Face­book, Insta­gram y X (ante­ri­or­mente Twit­ter) resultó ser una tarea ard­ua. En lugar de elim­i­narlas por com­ple­to, Eddy optó por vacia­r­las y usar “datos sin­téti­cos” —nom­bres de usuario úni­cos y direc­ciones de correo elec­tróni­co enmas­caradas— para difi­cul­tar la conex­ión con su iden­ti­dad real y evi­tar la suplantación, sigu­ien­do la sug­eren­cia de exper­tos.

El pro­ce­so de elim­i­nación fue tedioso; en platafor­mas como Live­Jour­nal o Flickr, la recu­peración de acce­so y la elim­i­nación man­u­al de con­tenido con­sum­ieron horas. Para X, uti­lizó la her­ramien­ta de códi­go abier­to Cyd, que elim­inó miles de pub­li­ca­ciones en un par de horas. Sin embar­go, la autom­a­ti­zación para Insta­gram y Face­book, esta últi­ma con una con­fig­u­ración “laberín­ti­ca”, requir­ió con­sid­er­able esfuer­zo y no logró una limpieza com­ple­ta, espe­cial­mente con con­tenido eti­que­ta­do por ter­ceros.

Eddy tam­bién inves­tigó reg­istros públi­cos, encon­tran­do vas­ta infor­ma­ción en doc­u­men­tos de propiedad, elec­torales y de con­tribu­ciones políti­cas. Las autori­dades munic­i­pales y la Comisión Fed­er­al Elec­toral (FEC) con­fir­maron que gran parte de esta infor­ma­ción es inamovi­ble una vez reg­istra­da. A pesar de los esfuer­zos, su con­clusión es que si bien desa­pare­cer por com­ple­to es casi imposi­ble, hac­er más difí­cil encon­trarse en línea es “clara­mente efec­ti­vo” para pro­te­gerse de corre­dores de datos y actores mali­ciosos.

Crédi­tos: Basa­do en un informe de Max Eddy para The New York Times.