¿Duermes o solo descansas?: Múltiples factores interrumpen el sueño profundo, advierten expertos

Frontera Ink

Redac­ción Fron­tera Ink.

La cal­i­dad del sueño impacta sig­ni­fica­ti­va­mente la salud men­tal y físi­ca, y su inter­rup­ción puede derivar en cam­bios de humor, difi­cul­tades cog­ni­ti­vas y, a largo pla­zo, en condi­ciones como obesi­dad, dia­betes y enfer­medades cardía­cas. Exper­tos en salud señalan que una var­iedad de fac­tores, des­de hábitos diar­ios y el entorno has­ta prob­le­mas médi­cos sub­y­a­centes, pueden ser los respon­s­ables de estas inter­rup­ciones noc­tur­nas.

El con­sumo de alco­hol y cafeí­na en las horas pre­vias al des­can­so es un per­tur­bador común. Mien­tras que el alco­hol puede inducir som­no­len­cia ini­cial, inter­rumpe el sueño REM y aumen­ta la necesi­dad de ori­nar; la cafeí­na, pre­sente en diver­sas bebidas y ali­men­tos, puede per­manecer acti­va en el organ­is­mo has­ta ocho horas, afectan­do la cal­i­dad del sueño. Pro­fe­sion­ales de la salud acon­se­jan evi­tar estas sus­tan­cias antes de acostarse.

Las comi­das copiosas y ric­as en grasas o sales antes de dormir difi­cul­tan la digestión y pueden frag­men­tar el sueño. Optar por cenas lig­eras y tem­pranas, así como por merien­das de fácil digestión, favorece un des­can­so más reparador. Asimis­mo, la exposi­ción a la luz azul emi­ti­da por dis­pos­i­tivos elec­tróni­cos suprime la pro­duc­ción de mela­ton­i­na, la hor­mona del sueño, hacien­do más difí­cil con­cil­iar­lo y man­ten­er­lo.

Aunque el ejer­ci­cio físi­co es ben­efi­cioso, realizar activi­dades inten­sas jus­to antes de acostarse puede ele­var los nive­les de cor­ti­sol, una hor­mona de aler­ta que inter­fiere con el sueño. Se recomien­da finalizar el ejer­ci­cio al menos tres horas antes de dormir. Las sies­tas a últi­ma hora de la tarde o la noche tam­bién pueden desajus­tar el ciclo nat­ur­al de sueño, impactan­do neg­a­ti­va­mente el des­can­so noc­turno.

El entorno del dor­mi­to­rio es un fac­tor críti­co. Una habitación exce­si­va­mente cál­i­da, rui­dosa, un colchón incó­mo­do o los ron­qui­dos de la pare­ja pueden per­tur­bar el sueño. Los espe­cial­is­tas sug­ieren un espa­cio oscuro, tran­qui­lo y fres­co, con tem­per­at­uras entre 15 y 19 gra­dos Cel­sius, para opti­mizar el des­can­so.

Even­tos vitales estre­santes, como un acci­dente o la pér­di­da de un empleo, pueden causar inter­rup­ciones tem­po­rales del sueño. Las pre­ocu­pa­ciones cotid­i­anas, como respon­s­abil­i­dades lab­o­rales o financieras, tam­bién con­tribuyen a la frag­mentación del des­can­so. La ansiedad y la depre­sión son fac­tores sig­ni­fica­tivos; el exce­so de pre­ocu­pación en los trastornos de ansiedad y otras condi­ciones del esta­do de áni­mo pueden afec­tar grave­mente el ciclo de sueño y vig­ilia, requirien­do en oca­siones inter­ven­ción médi­ca o ter­apia.

Cier­tas med­ica­ciones, incluyen­do descon­ges­tio­nantes con pseu­doefed­ri­na y fár­ma­cos para aler­gias, enfer­medades cardía­cas, hiperten­sión, TDAH y Parkin­son, pueden ten­er efec­tos secun­dar­ios estim­u­lantes que alter­an el sueño. Las mujeres en menopau­sia pueden exper­i­men­tar sofo­cos debido a cam­bios hor­monales, ele­van­do la tem­per­atu­ra cor­po­ral y provo­can­do sudo­ración, lo que inter­rumpe el sueño repeti­da­mente. En estos casos, se acon­se­ja con­sul­tar a un médi­co para eval­u­ar ajustes en el tratamien­to o mane­jar los sín­tomas.

Condi­ciones médi­cas como la artri­tis, el dolor de espal­da, las aler­gias y el asma pueden causar moles­tias físi­cas o prob­le­mas res­pi­ra­to­rios que impi­den un sueño con­tin­uo. La apnea del sueño, car­ac­ter­i­za­da por inter­rup­ciones fre­cuentes en la res­piración durante la noche, despier­ta a los indi­vid­u­os y resul­ta en fati­ga diur­na, inclu­so si no lo recuer­dan. Final­mente, algunos casos de insom­nio pri­mario no tienen una causa exter­na evi­dente, sugirien­do una posi­ble pre­dis­posi­ción cere­bral o genéti­ca que mantiene el cere­bro en un esta­do de aler­ta exce­si­va.

Crédi­tos: Web­MD. Infor­ma­ción revisa­da médica­mente por Poon­am Sachdev el 9 de junio de 2025. Artícu­lo escrito por Paul Frysh.