Redacción Frontera Ink.
La prohibición de Estados Unidos sobre futuros productos de DJI, el principal fabricante mundial de drones, ha dejado un vacío significativo en el mercado civil estadounidense durante los últimos 15 meses, sin que otras empresas se apresuren a llenar la demanda. En cambio, los fabricantes de drones en EE. UU. han orientado su atención hacia un sector más lucrativo: contratos militares valorados en miles de millones de dólares destinados a drones de combate.
Esta reorientación ha dejado desatendidos a consumidores, profesionales, fotógrafos, videógrafos, agricultores y topógrafos que dependen de equipos DJI. Expertos del sector señalan que ninguna compañía estadounidense ha logrado reemplazar la capacidad y la oferta de DJI en el ámbito civil. Las políticas actuales, atribuidas a la administración Trump, también se perciben como un desincentivo para posibles competidores.
Vic Moss, cofundador de la Drone Service Providers Alliance, una organización que representa a más de 33,000 pilotos en todo el país, expresó preocupación por la situación. Moss afirmó que los profesionales carecen de las herramientas necesarias para realizar sus trabajos sin los drones de DJI, generando incertidumbre en la industria.
Mientras tanto, el Pentágono ha asignado una cifra considerable para el desarrollo y adquisición de drones con capacidades militares, atrayendo a las empresas nacionales. Este enfoque en la defensa contrasta con la falta de soluciones para las necesidades civiles, lo que subraya un cambio estratégico en la producción de drones en Estados Unidos.
Créditos: The Verge, Drone Service Providers Alliance.





