¿Mala educación o ‘ceguera del tiempo’? La ciencia detrás de quienes siempre llegan tarde.

Redac­ción Fron­tera Ink | Sec­ción: Actu­al­i­dades.

Para Alice Lovatt, una músi­ca de Liv­er­pool, la pun­tu­al­i­dad siem­pre fue una batal­la per­di­da. Des­de niña, la vergüen­za de fal­lar­le a sus ami­gos y el estrés de lle­gar a la escuela mar­caron su vida. No fue sino has­ta los 22 años, tras un diag­nós­ti­co de TDAH (Trastorno por Déficit de Aten­ción e Hiper­ac­tivi­dad), que des­cubrió que su prob­le­ma tenía nom­bre: ceguera del tiem­po.

Este con­cep­to, acuña­do orig­i­nal­mente por el neu­rop­sicól­o­go Rus­sell Barkley como “miopía tem­po­ral”, ha salta­do a la con­ver­sación en redes sociales, abrien­do un debate nece­sario: ¿Dónde ter­mi­na un sín­toma clíni­co y dónde empieza la fal­ta de respeto hacia los demás?

¿Qué es la ceguera del tiem­po?

No es sim­ple­mente ser des­or­ga­ni­za­do. La ceguera del tiem­po es la inca­paci­dad sen­so­r­i­al para percibir cuán­to tiem­po ha pasa­do o cuán­to tar­dará una tarea especí­fi­ca. Está lig­a­da a las fun­ciones ejec­u­ti­vas del lóbu­lo frontal del cere­bro.

Stephanie Sarkis, psi­coter­apeu­ta y exper­ta en el tema, expli­ca que, aunque cualquiera puede ten­er un mal día, en las per­sonas con TDAH esto gen­era un dete­ri­oro fun­cional que afec­ta el tra­ba­jo, las finan­zas y las rela­ciones per­son­ales. “Si la impun­tu­al­i­dad es solo una estrel­la en una con­stelación de sín­tomas, es evi­den­cia de un trastorno trat­able”, señala.

¿Por qué lleg­amos tarde? (No todo es TDAH)

El ter­apeu­ta Jef­frey Meltzer sug­iere que, si no hay un diag­nós­ti­co clíni­co, la impun­tu­al­i­dad cróni­ca puede escon­der otros fac­tores psi­cológi­cos:

  • Ansiedad social: Per­sonas que detes­tan las “char­las triv­iales” y lle­gan tarde para evi­tar el tiem­po de espera antes de que ini­cie un even­to.
  • Pro­cras­ti­nación por ven­gan­za: Un inten­to incon­sciente de recu­per­ar min­u­tos de lib­er­tad frente a una vida que sien­ten fuera de su con­trol.
  • Sen­ti­do de supe­ri­or­i­dad: En casos menos comunes, hay quienes sien­ten que su tiem­po vale más que el de los demás. Estas per­sonas sue­len mostrar ras­gos de pre­po­ten­cia en otras áreas, como esta­cionarse en lugares pro­hibidos.

Estrate­gias para retomar el con­trol

Ya sea por una condi­ción neu­rológ­i­ca o por hábito, la respon­s­abil­i­dad de lle­gar a tiem­po sigue sien­do indi­vid­ual. Los exper­tos recomien­dan:

  1. Relo­jes analógi­cos: Ver las manecil­las moverse ayu­da más que mirar la hora dig­i­tal en un celu­lar lleno de dis­trac­ciones.
  2. Lis­tas gran­u­lares: Alice Lovatt des­cubrió que su ruti­na matuti­na no dura­ba 20 min­u­tos, sino 45, tras ano­tar cada paso: “Bajar escaleras: 1 min”, “Bus­car zap­atos: 1 min”.
  3. Aler­tas inteligentes: Con­fig­u­rar alar­mas no para el momen­to de la cita, sino para el momen­to exac­to en que se debe cruzar la puer­ta.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Albert Stumm para Asso­ci­at­ed Press (AP) y entre­vis­tas con espe­cial­is­tas en psi­cología clíni­ca.