¿Jim Morrison en “Juaritos”? La leyenda del Rey Lagarto en el Barrio del Carmen.

Redac­ción Fron­tera Ink

Ciu­dad Juárez siem­pre ha sido un imán para his­to­rias que rayan entre lo imposi­ble y lo mís­ti­co. Una de las cróni­cas más fasci­nantes de nue­stro “Juar­i­tos” de antaño sitúa al mis­mísi­mo Jim Mor­ri­son, el leg­en­dario vocal­ista de The Doors, cam­i­nan­do por las calles del cen­tro y refugián­dose en una “cov­acha” de la colo­nia Del Car­men allá por 1969.

La his­to­ria, rescata­da de las “Cróni­cas Descar­ri­adas” de Miguel Ángel Chávez Díaz de León, nar­ra el encuen­tro for­tu­ito entre el “Rey Lagar­to” y un per­son­aje icóni­co del bar­rio cono­ci­do como “El Char­ro”. Lo que comen­zó como un posi­ble inten­to de asalto en la can­ti­na “El Buen Tiem­po” (que aún sobre­vive al paso de los años), ter­minó en una amis­tad de humo, áci­dos y rock and roll que duró casi un mes.

Del “Buen Tiempo” a la calle Fierro

Según el rela­to del “Char­ro”, Mor­ri­son no lucía como la estrel­la de rock que llen­a­ba esta­dios, sino como un “bar­bón medio hip­pioso” en bus­ca de mota y aven­tu­ra. “Me dijo que se llam­a­ba James Dou­glas”, record­a­ba el car­ter­ista juarense, quien ter­minó guian­do al can­tante a los Baños Del Car­men para sur­tirse con la mejor mer­cancía de Don Eméri­to.

El Char­ro nar­ra con nos­tal­gia cómo com­partieron sesiones maratóni­cas de músi­ca en su mod­u­lar Fish­er, escuchan­do car­tu­chos de 8 tracks de los Rolling Stones, Frank Zap­pa y, por supuesto, de The Doors. La anéc­do­ta cuen­ta que Mor­ri­son inclu­so le regaló un Charg­er 1965 col­or negro con rines de rayos, el cual esta­ciona­ban frente a la vie­ja vecin­dad mien­tras los niños del bar­rio juga­ban a los encan­ta­dos.

¿Ficción o realidad fronteriza?

Aunque para muchos esta his­to­ria sue­na a una alu­ci­nación pro­duc­to de las “pas­tas de col­ores” de la época, para Chávez Díaz de León lo impor­tante es la fuerza del rela­to. “Son cróni­cas descar­ri­adas porque son relatos fic­ti­cios fusion­a­dos con tintes de real­i­dad”, con­fiesa el autor.

Cier­to o no, la ima­gen de Jim Mor­ri­son escuchan­do Paint it Black en una sil­la de ruedas o recor­rien­do la aveni­da 16 de Sep­tiem­bre le añade una capa de mís­ti­ca rebelde a nues­tra ciu­dad. Al final, como dice el cro­nista, depende del lec­tor decidir si pre­fiere la ver­dad históri­ca o quedarse con la ver­sión de un Juárez donde las leyen­das del rock venían a “lagartear” y perder­se entre sus calles.


Crédi­tos: Basa­do en las “Cróni­cas Descar­ri­adas” de Miguel Ángel Chávez Díaz de León y el tex­to de Rober­to Ponce para la revista Pro­ce­so.