¿Jesús o un hongo psicodélico? La polémica teoría que vincula el origen del cristianismo con estados alterados.

Redac­ción Fron­tera Ink

¿Fue Jesu­cristo un mesías históri­co o la metá­fo­ra de un via­je induci­do por hon­gos? Esta es la premisa que ha vuel­to a sacud­ir los cimien­tos de la his­to­ria reli­giosa y la arque­ología mod­er­na. Basa­da en el polémi­co libro de 1970 El hon­go sagra­do y la cruz, del académi­co John Alle­gro, la teoría sug­iere que el Nue­vo Tes­ta­men­to no es un rela­to biográ­fi­co, sino un com­ple­jo lengua­je cifra­do para ocul­tar un cul­to a la fer­til­i­dad que uti­liz­a­ba el hon­go Amani­ta mus­caria como vía de rev­elación.

Aunque la prop­ues­ta de Alle­gro fue rec­haz­a­da tajan­te­mente por los exper­tos de su época, el interés en su tra­ba­jo ha resurgi­do con fuerza en el eco­sis­tema dig­i­tal de las teorías de con­spir­ación y la cul­tura de los psi­codéli­cos. El argu­men­to cen­tral se basa en que los tér­mi­nos en hebreo, arameo y griego uti­liza­dos en los tex­tos sagra­dos podrían ras­trearse has­ta raíces sume­rias que vin­cu­lan la figu­ra de Cristo con el hon­go sagra­do. Pese a que los lingüis­tas actuales con­sid­er­an estas tra­duc­ciones como un esti­ramien­to forza­do de la real­i­dad, la cien­cia mod­er­na ha comen­za­do a encon­trar evi­den­cias que, de for­ma indi­rec­ta, podrían dar­le un nue­vo matiz al estu­dio de las reli­giones antiguas.

Recientes hal­laz­gos pub­li­ca­dos en la revista Sci­en­tif­ic Reports han doc­u­men­ta­do la pres­en­cia de alu­cinógenos en cuevas españo­las de hace 3,000 años y resid­u­os psi­cotrópi­cos en vasi­jas egip­cias del siglo II a.C. Estos des­cubrim­ien­tos arque­ológi­cos sug­ieren que las civ­i­liza­ciones tem­pranas efec­ti­va­mente incor­pora­ban sus­tan­cias alter­ado­ras de la mente en sus rit­uales, lo que pudo haber servi­do como base para las visiones y doc­tri­nas que dieron for­ma a las primeras reli­giones.

Aunque no existe prue­ba defin­i­ti­va de que el cris­tian­is­mo naciera como un cul­to fúngi­co, la comu­nidad cien­tí­fi­ca comien­za a ver el tra­ba­jo de Alle­gro menos como una locu­ra y más como una adver­ten­cia académi­ca: los méto­dos cues­tion­ables pueden oscure­cer pre­gun­tas legí­ti­mas. Más allá de si la figu­ra de Cristo fue un códi­go para un hon­go, el estu­dio de cómo los esta­dos alter­ados de con­cien­cia mold­earon las creen­cias antiguas es hoy una rama vál­i­da de inves­ti­gación. El reto actu­al no rad­i­ca en evi­tar estas pre­gun­tas, sino en no forzar las respues­tas ante la fal­ta de evi­den­cia históri­ca con­cluyente.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Luis Pra­da para VICE y datos de Sci­en­tif­ic Reports.