Escasez de parches de estrógeno golpea a pacientes: Demanda por terapia hormonal se dispara en EE. UU.

Escasez de parch­es de estrógeno gol­pea a pacientes: Deman­da por ter­apia hor­mon­al se dis­para en EE. UU.

Redac­ción Fron­tera Ink.

La búsque­da de aliv­io para los sín­tomas de la menopau­sia se ha con­ver­tido en una car­rera de obstácu­los para miles de mujeres. Pacientes en diver­sas regiones repor­tan meses de incer­tidum­bre saltan­do entre far­ma­cias, trans­firien­do rec­etas y cam­bian­do de mar­cas ante una escasez críti­ca de parch­es de estra­di­ol. Para muchas, la fal­ta de este sum­in­istro médi­co sig­nifi­ca el regre­so inmedi­a­to de sofo­cos noc­turnos, ago­tamien­to debil­i­tante y nebli­na men­tal, sín­tomas que la ter­apia hor­mon­al logra man­ten­er bajo con­trol.

El ori­gen de este desabas­to rad­i­ca en un fenó­meno doble: un aumen­to sin prece­dentes en la con­cien­cia sobre el cuida­do de la menopau­sia y un cam­bio reg­u­la­to­rio históri­co. Recien­te­mente, la FDA elim­inó las adver­ten­cias de caja negra en las eti­que­tas de estos pro­duc­tos, las cuales desta­ca­ban ries­gos de enfer­medades car­dio­vas­cu­lares y demen­cia. Inves­ti­ga­ciones más recientes han mati­za­do estos ries­gos, val­i­dan­do que para muchas mujeres los ben­efi­cios para la longev­i­dad y la salud ósea super­an las con­traindi­ca­ciones, lo que ha gen­er­a­do una olea­da de nuevas pre­scrip­ciones que la indus­tria no logra sat­is­fac­er.

Fab­ri­cantes como San­doz y Amneal han con­fir­ma­do que sus inven­tar­ios están en nive­les mín­i­mos. Recientes cam­bios en el com­por­tamien­to de pre­scrip­ción debido a la elim­i­nación de las adver­ten­cias de la FDA han crea­do una deman­da sin prece­dentes que no puede ser total­mente sat­is­fecha en este momen­to, señaló un por­tavoz de San­doz, empre­sa que ya tra­ba­ja en enviar sum­in­istros adi­cionales para inten­tar esta­bi­lizar el mer­ca­do esta­dounidense. Por su parte, Amneal destacó que estos parch­es son for­mas de dosi­fi­cación com­ple­jas que requieren una fab­ri­cación espe­cial­iza­da, lo que limi­ta la capaci­dad de respues­ta inmedi­a­ta de las plan­tas de pro­duc­ción.

Ante la fal­ta de parch­es, los espe­cial­is­tas médi­cos están recur­rien­do a alter­na­ti­vas como geles, aerosoles o table­tas orales. Sin embar­go, el cam­bio no siem­pre es sen­cil­lo. Sabe­mos que los parch­es de estrógeno sue­len ser la for­ma más segu­ra de admin­is­trar la hor­mona en pacientes pos­menopáu­si­cas, con menor ries­go de efec­tos secun­dar­ios car­dio­vas­cu­lares como coágu­los o acci­dentes cere­brovas­cu­lares, explicó la doc­to­ra Tim­ber­ly But­ler. Además, las varia­ciones en las pól­izas de seguros y los for­mu­la­rios far­ma­céu­ti­cos impli­can que cam­biar a una mar­ca disponible puede rep­re­sen­tar un cos­to sig­ni­fica­ti­va­mente may­or para las pacientes, com­pli­can­do aún más el acce­so a un tratamien­to esen­cial para su cal­i­dad de vida.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Jacque­line Howard para CNN.