El mineral que mueve al mundo: Neodimio, la pieza clave en la guerra comercial entre potencias

Redac­ción Fron­tera Ink.

Aunque su nom­bre resulte difí­cil de pro­nun­ciar, el neodimio es el min­er­al que hace fun­cionar gran parte de la tec­nología que uti­lizamos a diario. Sin embar­go, este ele­men­to quími­co se ha con­ver­tido en el nue­vo epi­cen­tro de una guer­ra com­er­cial entre Esta­dos Unidos y Chi­na, ponien­do en jaque a indus­trias que van des­de la auto­motriz has­ta la de elec­trodomés­ti­cos.

El neodimio es un com­po­nente esen­cial para fab­ricar imanes per­ma­nentes, los cuales son extremada­mente potentes a pesar de su tamaño reduci­do. Exper­tos señalan que su fuerza es tal que, si se colo­caran imanes de este tipo cer­ca de un refrig­er­ador, podrían der­rib­ar­lo. Esta capaci­dad per­mite que motores de todo tipo, des­de limpia­parabrisas has­ta los com­ple­jos sis­temas de vehícu­los eléc­tri­cos, operen con una efi­cien­cia que ningún otro mate­r­i­al ha logra­do replicar has­ta aho­ra.

El con­flic­to rad­i­ca en que, aunque este min­er­al no es pre­cisa­mente esca­so en la nat­u­raleza, Chi­na posee un casi monop­o­lio sobre su proce­samien­to. El gigante asiáti­co con­tro­la el 90 por cien­to de la capaci­dad mundi­al para con­ver­tir el min­er­al bru­to en mate­r­i­al uti­liz­able. Este pro­ce­so es suma­mente com­ple­jo, requiere enormes can­ti­dades de energía y gen­era resid­u­os tóx­i­cos, fac­tores que lle­varon al resto del mun­do a per­mi­tir que Chi­na con­cen­trara esta indus­tria durante décadas.

Ante esta depen­den­cia, el gob­ier­no de Esta­dos Unidos ha cal­i­fi­ca­do el acce­so a las tier­ras raras como un tema de seguri­dad nacional. Actual­mente exis­ten planes para crear una reser­va estratég­i­ca de estos min­erales y sub­sidiar proyec­tos de min­ería y proce­samien­to domés­ti­co. Sin embar­go, espe­cial­is­tas advierten que alcan­zar la escala de pro­duc­ción de Chi­na tomará años, lo que mantiene a las cade­nas de sum­in­istro glob­ales en una posi­ción vul­ner­a­ble.

Diver­sas empre­sas han inten­ta­do bus­car alter­na­ti­vas que no depen­dan de estos imanes o que util­i­cen mate­ri­ales dis­tin­tos, pero los resul­ta­dos no han sido alen­ta­dores. Susti­tuir el neodimio impli­ca sac­ri­ficar rendimien­to, aumen­tar el peso de los motores o perder efi­cien­cia energéti­ca. Por aho­ra, el mun­do sigue depen­di­en­do de este min­er­al estratégi­co y de la vol­un­tad com­er­cial de quien dom­i­na su refi­namien­to.

Crédi­tos: Infor­ma­ción basa­da en el reporte de Chris Isidore para CNN.