Redacción Frontera Ink.
El pasillo de botanas parece haber entrado en una fase de experimentación frenética: desde galletas Oreo con sabor a Coca-Cola hasta papas con miel picante. Sin embargo, detrás de esta explosión de sabores “novedosos” existe una lógica de ingeniería diseñada para secuestrar el sistema de recompensa del cerebro, de forma alarmantemente similar a como lo hacen los cigarrillos. Un nuevo análisis publicado en Milbank Quarterly advierte que estos alimentos ultraprocesados no son solo productos de conveniencia, sino sustancias diseñadas para generar hábitos difíciles de romper.
Los investigadores sostienen que las grandes corporaciones utilizan “cruces de marcas” para estimular la curiosidad humana por lo nuevo, mientras aprovechan la familiaridad de marcas populares. Esta estrategia “hackea” los impulsos evolutivos de novedad y pertenencia para incentivar un consumo continuo. El estudio traza una línea directa entre el diseño de la comida chatarra y la industria del tabaco, recordando que en la década de los 80, gigantes tabacaleros adquirieron marcas de alimentos líderes, aplicando el mismo “manual de jugadas” para maximizar la gratificación sensorial del consumidor.
La comparación no sugiere que una galleta sea idéntica a un cigarrillo, sino que ambos comparten una lógica de entrega rápida de compuestos activos. Mientras el cigarrillo utiliza la nicotina, los ultraprocesados emplean una combinación de carbohidratos refinados y grasas añadidas que es extremadamente rara en la naturaleza y desproporcionadamente gratificante para el cerebro. Esto explica por qué mantener el control sobre una “porción razonable” resulta casi imposible para muchos consumidores.
Ante esta crisis de salud, los autores del estudio hacen un llamado a implementar políticas públicas con la misma seriedad con la que se combatió al tabaco en su momento. Esto incluiría un etiquetado más estricto, restricciones de marketing y la reducción de su exposición en entornos sensibles como escuelas y hospitales. En un mundo donde la industria del snack se ha vuelto experta en convertir la curiosidad en rutina, la recomendación es clara: confrontar los ultraprocesados como un problema de salud pública y no solo como una elección individual de dieta.
Créditos: Información basada en el reporte de Ashley Fike para Milbank Quarterly.





