Redacción Frontera Ink.
Tras una campaña internacional de 14 años, el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), que afecta a aproximadamente 170 millones de mujeres en todo el mundo, ha sido oficialmente renombrado como Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP). Este cambio significativo busca reflejar con mayor precisión la naturaleza multisistémica de la condición, que va más allá de los ovarios para impactar la salud metabólica, hormonal y reproductiva, abordando décadas de diagnósticos erróneos, subfinanciamiento y estigma social. Pacientes, clínicos, sociedades científicas y organizaciones de apoyo impulsaron esta iniciativa para una designación más exacta.
Las mujeres que viven con el síndrome reportan una amplia gama de síntomas debilitantes y desafíos. Chelle Robotham, de 30 años y residente en Florida, describió un agotamiento constante que permea la mayoría de sus decisiones, haciéndola sentir “miserable”. Por su parte, Jenef Ngombo, del Reino Unido, experimentó vello facial excesivo desde los 12 o 13 años, afectando su autoestima y generando preocupación por la fertilidad y la posibilidad de tener hijos. Estos testimonios subrayan las diversas manifestaciones y el profundo impacto de la condición en la vida cotidiana.
La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 10% y el 13% de las mujeres en edad reproductiva a nivel global están afectadas, pero hasta el 70% de los casos permanecen sin diagnosticar. El nombre anterior, Síndrome de Ovario Poliquístico, resultaba engañoso porque los “quistes” son en realidad folículos, y la afección no es exclusivamente un problema ginecológico. Esta denominación imprecisa contribuyó a un enfoque limitado y a una investigación insuficiente sobre sus implicaciones más amplias.
Investigaciones han demostrado que el síndrome afecta a múltiples sistemas corporales, caracterizándose por resistencia a la insulina y exceso de andrógenos. Sus repercusiones se extienden a la salud cardiovascular, cutánea, mental y reproductiva, aumentando los riesgos de afecciones como diabetes tipo 2, hipertensión y cáncer de endometrio. La Dra. Susana Lozano Esparza, médica y epidemióloga, señaló que históricamente las enfermedades que solo afectan a mujeres reciben menos inversión e investigación, lo que genera una falta de conciencia tanto pública como médica.
Líderes de la campaña de cambio de nombre, como la endocrinóloga Helena Teede, directora del Centro Monash para la Investigación e Implementación en Salud, enfatizaron que el cambio es más que semántico. Su objetivo es catalizar una mayor financiación para la investigación, impulsar el desarrollo de nuevos tratamientos, mejorar la educación y fomentar una atención más integral. Kate Morris, de la organización británica de apoyo a pacientes Verity PCOS, expresó la esperanza de que la nueva denominación empodere a las pacientes para solicitar derivaciones a especialistas que comprendan la complejidad metabólica y endocrinológica del síndrome.
La Dra. Lozano Esparza coincidió con estos sentimientos, abogando por una mayor conciencia social y médica, junto con políticas públicas que mejoren el diagnóstico y el tratamiento. También destacó la necesidad de una atención integral, que incluya apoyo biológico y emocional para las mujeres que viven con esta condición crónica. Muchas pacientes manifiestan un deseo de asistencia psicológica para afrontar el estigma y el costo emocional asociados con los síntomas del síndrome, que pueden manifestarse desde la adolescencia temprana.
Créditos: BBC News Mundo (Dalia Ventura).




