Cuestionamientos a Beneficios para la Salud de la Cúrcuma y Curcumina; Suplementos Presentan Riesgos.

Redac­ción Fron­tera Ink.

La evi­den­cia cien­tí­fi­ca sobre las propiedades anti­cancerí­ge­nas y anti­in­flam­a­to­rias atribuidas a la cúr­cuma y su com­puesto acti­vo, la cur­cum­i­na, es “poco sól­i­da”, según eval­u­a­ciones recientes. Exper­tos advierten que el con­sumo de suple­men­tos de cur­cum­i­na en dosis altas puede acar­rear ries­gos para la salud, par­tic­u­lar­mente daño hep­áti­co.

La cúr­cuma ha sido val­o­ra­da en la med­i­c­i­na tradi­cional del sur de Asia por mile­nios, pero su pop­u­lar­i­dad como “super­al­i­men­to” en Occi­dente cre­ció en las últi­mas décadas. Parte de esta exaltación se debió al tra­ba­jo de Bharat Aggar­w­al, un bio­quími­co que pre­vi­a­mente tra­ba­jó en el MD Ander­son Can­cer Cen­ter de la Uni­ver­si­dad de Texas. Aggar­w­al pub­licó más de 100 artícu­los sobre las propiedades de la cur­cum­i­na, sus­ci­tan­do un gran interés y una inver­sión sig­ni­fica­ti­va de agen­cias de salud esta­dounidens­es en su inves­ti­gación.

Sin embar­go, la validez de las inves­ti­ga­ciones de Aggar­w­al ha sido seri­amente cues­tion­a­da. En 2012, la Ofic­i­na de Inte­gri­dad de la Inves­ti­gación del Depar­ta­men­to de Salud y Ser­vi­cios Humanos de EE. UU. alertó al MD Ander­son Can­cer Cen­ter sobre posi­bles resul­ta­dos fraud­u­len­tos en al menos 65 de sus tra­ba­jos. Tras una inves­ti­gación inter­na, Aggar­w­al se retiró del cen­tro en 2015, y 30 de sus artícu­los han sido retrac­ta­dos de revis­tas cien­tí­fi­cas debido a pre­ocu­pa­ciones sobre la aut­en­ti­ci­dad de los datos.

Des­de una per­spec­ti­va quími­ca, la cur­cum­i­na pre­sen­ta difi­cul­tades inher­entes como fár­ma­co. Su baja sol­u­bil­i­dad en agua y su ten­den­cia a degradarse difi­cul­tan su absor­ción por el cuer­po. Un estu­dio de 2017 en el *Jour­nal of Med­i­c­i­nal Chem­istry*, lid­er­a­do por Kathryn Nel­son de la Uni­ver­si­dad de Min­neso­ta, con­cluyó que la cur­cum­i­na es “un com­puesto inestable, reac­ti­vo y no biodisponible y, por lo tan­to, una sus­tan­cia ini­cial alta­mente improb­a­ble” para uso ter­apéu­ti­co.

Estu­dios recientes con­fir­man que la cur­cum­i­na se absorbe mín­i­ma­mente en el tor­rente san­guí­neo después de la ingestión, inclu­so con for­mu­la­ciones “mejo­radas” dis­eñadas para aumen­tar su biodisponi­bil­i­dad. Las con­cen­tra­ciones detec­tadas en la san­gre de vol­un­tar­ios fueron más de 100 veces menores que las que han mostra­do activi­dad con­tra célu­las can­cerosas en lab­o­ra­to­rio.

Esta escasa absor­ción sistémi­ca prob­a­ble­mente expli­ca la fal­ta de ben­efi­cios con­cluyentes en ensayos clíni­cos rig­urosos sobre cáncer, artri­tis y otras afec­ciones. Los exper­tos señalan que la cur­cum­i­na no logra alcan­zar sus obje­tivos ter­apéu­ti­cos en el organ­is­mo.

Mien­tras que la cúr­cuma es segu­ra en las can­ti­dades usadas en la coci­na, los suple­men­tos con­cen­tra­dos de cur­cum­i­na son una pre­ocu­pación. El Insti­tu­to Nacional de Dia­betes y Enfer­medades Diges­ti­vas y Renales de EE. UU. ha indi­ca­do que la cúr­cuma se ha con­ver­tido en la “causa más común de lesión hep­áti­ca clíni­ca­mente aparente rela­ciona­da con hier­bas” en el país. La may­oría de estos casos se atribuyen a for­mu­la­ciones de cur­cum­i­na de alta biodisponi­bil­i­dad.

Los sín­tomas de estas lesiones hep­áti­cas incluyen col­oración amar­il­len­ta de la piel, ori­na oscu­ra y náuse­as. Aunque gen­eral­mente se resuel­ven al sus­pender el suple­men­to, se han repor­ta­do casos de insu­fi­cien­cia hep­áti­ca fatal. Además, se ha doc­u­men­ta­do que algunos pro­duc­tos de cúr­cuma están adul­ter­ados con sus­tan­cias peli­grosas, como cro­ma­to de plo­mo para realzar el col­or, o con medica­men­tos anti­in­flam­a­to­rios como nime­sul­i­da, lo que rep­re­sen­ta un ries­go adi­cional para la salud públi­ca.

Crédi­tos: Artícu­lo de Alice Klein del 1 de junio de 2026; Uni­ver­si­ty of Texas MD Ander­son Can­cer Cen­ter; Office of Research Integri­ty at the US Depart­ment of Health and Human Ser­vices; Jour­nal of Med­i­c­i­nal Chem­istry; Kathryn Nel­son, Uni­ver­si­ty of Min­neso­ta; US Nation­al Insti­tute of Dia­betes and Diges­tive and Kid­ney Dis­eases; estu­dios de inves­ti­gadores holan­deses.