Casos de Fiebre del Valle se Triplican en El Paso, Vinculados a Clima Extremo, Según Estudio de UTEP.

Redac­ción Fron­tera Ink.

EL PASO, Texas – Los casos de fiebre del Valle en El Paso se han más que trip­li­ca­do en la últi­ma déca­da, según un nue­vo estu­dio real­iza­do por inves­ti­gadores de la Uni­ver­si­dad de Texas en El Paso (UTEP). La inves­ti­gación, pub­li­ca­da en el *Inter­na­tion­al Jour­nal of Bio­me­te­o­rol­o­gy*, establece una fuerte conex­ión entre esta enfer­medad fúng­i­ca y fenó­menos mete­o­rológi­cos extremos, incluyen­do fuertes vien­tos y pol­vo en el aire.

El estu­dio anal­izó los casos repor­ta­dos de coc­cid­ioidomi­co­sis, cono­ci­da común­mente como fiebre del Valle, entre 2013 y 2022. Los hal­laz­gos indi­can que las tasas de inci­den­cia se incre­men­taron sig­ni­fica­ti­va­mente durante este perío­do, según un comu­ni­ca­do de pren­sa de UTEP.

La fiebre del Valle es cau­sa­da por la inhalación de espo­ras de un hon­go que habi­ta en el sue­lo y se dis­per­sa en el aire bajo cier­tas condi­ciones ambi­en­tales. Aunque a menudo es leve, la enfer­medad puede pro­gre­sar a afec­ciones res­pi­ra­to­rias graves, com­pli­ca­ciones a largo pla­zo e inclu­so la muerte.

El Dr. Gabriel Ibar­ra-Mejia, pro­fe­sor aso­ci­a­do de cien­cias de la salud públi­ca en UTEP y uno de los autores prin­ci­pales, destacó que los resul­ta­dos sug­ieren que no son solo las condi­ciones de pol­vo habit­uales las que impul­san las infec­ciones. “Más bien, son even­tos ambi­en­tales más inten­sos y episódi­cos”, explicó el Dr. Ibar­ra-Mejia.

El Dr. Thomas Gill, pro­fe­sor del Depar­ta­men­to de Cien­cias de la Tier­ra, Ambi­en­tales y de Recur­sos de UTEP y coau­tor del estu­dio, añadió que “even­tos extremos de vien­to y pol­vo pueden alter­ar los sue­los de man­eras que lib­er­an may­ores can­ti­dades del hon­go al aire.”

El equipo de inves­ti­gación uti­lizó mod­e­los estadís­ti­cos avan­za­dos para exam­i­nar la influ­en­cia de los patrones climáti­cos y la cal­i­dad del aire en las ten­den­cias de la enfer­medad. Iden­ti­fi­caron que una may­or inci­den­cia de la enfer­medad se aso­ció con tem­per­at­uras supe­ri­ores a los 38.9 gra­dos Cel­sius (102 gra­dos Fahren­heit) en el mes pre­vio, rachas de vien­to por enci­ma de los 103 kilómet­ros por hora (64 mph) var­ios meses antes, y altas con­cen­tra­ciones de partícu­las de pol­vo en el aire, espe­cial­mente las de 10 micrómet­ros o menos.

A pesar de que la fiebre del Valle no es con­ta­giosa y es una condi­ción de noti­fi­cación oblig­a­to­ria en el Con­da­do de El Paso, los inves­ti­gadores advierten que la enfer­medad prob­a­ble­mente está sub­di­ag­nos­ti­ca­da.

Muchos casos pre­sen­tan sín­tomas sim­i­lares a otras enfer­medades como la gripe, la neu­monía o el COVID-19, lo que puede retrasar un diag­nós­ti­co y tratamien­to ade­cua­dos. El Dr. Ibar­ra-Mejia sub­rayó la impor­tan­cia de estos hal­laz­gos para la plan­i­fi­cación de la salud públi­ca.

“Nue­stro tra­ba­jo demues­tra que el ries­go de fiebre del Valle puede antic­i­parse basán­dose en señales ambi­en­tales”, afir­mó el Dr. Ibar­ra-Mejia. “Al recono­cer las condi­ciones que prece­den a los aumen­tos de casos, los fun­cionar­ios de salud y los médi­cos pueden estar mejor prepara­dos para detec­tar, diag­nos­ticar y respon­der a esta enfer­medad.”

El estu­dio tam­bién rev­eló patrones esta­cionales, con el may­or número de casos repor­ta­dos ocur­rien­do en los meses de ver­a­no, par­tic­u­lar­mente julio y agos­to.

El Dr. C. Scott Kruse, decano del Cole­gio de Cien­cias de la Salud de UTEP, señaló que esta inves­ti­gación sub­raya los fac­tores ambi­en­tales en la región que con­tribuyen a la inhalación de espo­ras del hon­go Coc­cid­ioides.

La ubi­cación de El Paso en el Desier­to de Chi­huahua, jun­to con la fre­cuente activi­dad de pol­vo y el cre­ciente desar­rol­lo urbano, podría con­tribuir a un may­or ries­go de exposi­ción, añadió el Dr. Ibar­ra-Mejia. La alteración del sue­lo por la con­struc­ción y la expan­sión urbana tam­bién podría desem­peñar un papel en la lib­eración de espo­ras fúng­i­cas al aire.

Los hal­laz­gos resaltan la necesi­dad de aumen­tar la con­cien­cia tan­to entre el públi­co como entre los provee­dores de aten­ción médi­ca, espe­cial­mente después de perío­dos de even­tos climáti­cos extremos, según los inves­ti­gadores.

La Dra. Narges Khan­jani, pro­fe­so­ra de epi­demi­ología y bioes­tadís­ti­ca en la Fac­ul­tad de Med­i­c­i­na Paul L. Fos­ter de Texas Tech Health El Paso, fue la coau­to­ra prin­ci­pal del estu­dio. Con­tribu­ciones adi­cionales provinieron de inves­ti­gadores de New Mex­i­co State Uni­ver­si­ty, la Uni­ver­si­dad de Cal­i­for­nia, Merced, y otras insti­tu­ciones.

Crédi­tos: Estu­dio de la Uni­ver­si­dad de Texas en El Paso pub­li­ca­do en el *Inter­na­tion­al Jour­nal of Bio­me­te­o­rol­o­gy* (2026); KTSM (Dave Burge).