Recomendaciones para Reducir Naturalmente los Niveles del Antígeno Prostático Específico (PSA).

Redac­ción Fron­tera Ink.

Nuevas inves­ti­ga­ciones y el con­sen­so médi­co sug­ieren que cier­tas mod­i­fi­ca­ciones en el esti­lo de vida y la dieta pueden con­tribuir a la reduc­ción de los nive­les del antígeno prostáti­co especí­fi­co (PSA). La ele­vación de esta pro­teí­na, pro­duci­da por célu­las prostáti­cas nor­males y can­cerosas, a menudo requiere prue­bas adi­cionales para deter­mi­nar su causa sub­y­a­cente. Un PSA ele­va­do puede ser un indi­cio de cáncer de prós­ta­ta u otras afec­ciones médi­cas, según la infor­ma­ción de GoodRx.

Adop­tar una dieta basa­da en plan­tas es una estrate­gia fun­da­men­tal para la salud prostáti­ca. Exper­tos recomien­dan una alta inges­ta de fru­tas, ver­duras, legum­bres, nue­ces y cereales inte­grales, ricos en antiox­i­dantes, licopeno y sul­forafano. El con­sumo de ali­men­tos como tomates, sandía y albari­co­ques, que con­tienen licopeno, puede ayu­dar a reducir la infla­mación y poten­cial­mente el ries­go gen­er­al de cáncer.

Pri­orizar las grasas salud­ables es otro pilar dietéti­co. Se acon­se­ja dis­minuir el con­sumo de grasas sat­u­radas pre­sentes en carnes rojas y lácteos, reem­plazán­dolas con grasas de ori­gen veg­e­tal como las que se encuen­tran en agua­cates, aceite de oli­va y pesca­dos gra­sos como el salmón, las sar­di­nas y la cabal­la, ricos en áci­dos gra­sos omega‑3.

La activi­dad físi­ca diaria tam­bién desem­peña un papel cru­cial. El ejer­ci­cio reg­u­lar, que puede incluir cam­i­nar, lev­an­tar pesas o nadar, con­tribuye a la reduc­ción de la infla­mación, el man­ten­imien­to de un peso salud­able y la mejo­ra del esta­do de áni­mo. Algunos estu­dios sug­ieren que el ejer­ci­cio puede ayu­dar a dis­minuir los nive­les de PSA, aunque se ha obser­va­do un aumen­to tem­po­ral de los nive­les después de activi­dades inten­sas como el ciclis­mo, por lo que se recomien­da con­sul­tar al médi­co antes de un análi­sis de san­gre tras estas activi­dades.

Man­ten­er un peso cor­po­ral salud­able es un fac­tor sig­ni­fica­ti­vo, ya que la obesi­dad se ha rela­ciona­do con nive­les más altos de PSA y un may­or ries­go de cáncer de prós­ta­ta. Asimis­mo, el mane­jo del estrés cróni­co es vital, dado que el estrés puede aumen­tar la infla­mación y, con­se­cuente­mente, los nive­les de PSA. Téc­ni­cas como la med­itación, el yoga y la res­piración pro­fun­da son recomen­dadas para mit­i­gar el estrés.

Dejar de fumar es otra recomen­dación impor­tante. El tabaquis­mo ha sido aso­ci­a­do con nive­les ele­va­dos de PSA y un may­or ries­go de recur­ren­cia del cáncer de prós­ta­ta. Aban­donar el taba­co no solo ben­e­fi­cia la salud gen­er­al, sino que tam­bién puede con­tribuir a la dis­min­u­ción de estos nive­les.

Final­mente, el mon­i­toreo reg­u­lar de los nive­les de PSA es esen­cial. Es cru­cial dis­cu­tir cualquier cam­bio en el esti­lo de vida con un médi­co. Las prue­bas de detec­ción de PSA gen­eral­mente se ini­cian alrede­dor de los 55 años, con una fre­cuen­cia que el pro­fe­sion­al de la salud deter­mi­nará según el his­to­r­i­al indi­vid­ual.

Crédi­tos: Infor­ma­ción detal­la­da: “How to Low­er Your PSA Lev­els Nat­u­ral­ly” escrito por Mary Jo DiLonar­do y revisa­do médica­mente por Nazia Q Ban­duk­wala, DO.