Redacción Frontera Ink.
La psicosis es un síntoma que altera la forma en que el cerebro procesa la información, llevando a una desconexión con la realidad. Se manifiesta a través de alucinaciones, delirios o creencias que no son verdaderas, y puede ser el resultado de enfermedades mentales, condiciones físicas, abuso de sustancias o estrés y trauma severos. La identificación y el tratamiento temprano son cruciales para mitigar su impacto en la vida diaria de los individuos.
A diferencia de una enfermedad en sí misma, la psicosis puede surgir en el contexto de trastornos psicóticos primarios como la esquizofrenia, o como una “psicosis secundaria” provocada por otros factores. Estos episodios pueden presentarse por primera vez en la adolescencia tardía o la adultez temprana, aunque raramente afectan a niños o personas mayores. Los estudios sugieren que entre 15 y 100 de cada 100,000 personas se ven afectadas anualmente.
Antes de un episodio psicótico agudo, pueden observarse cambios graduales en el pensamiento y el comportamiento, conocidos como período prodrómico. Estos incluyen una disminución en el rendimiento académico o laboral, dificultad para concentrarse, sospecha o inquietud, falta de autocuidado, aislamiento social y alteraciones emocionales intensas o ausentes. Un episodio agudo se caracteriza por delirios, alucinaciones y patrones de pensamiento inestables, como hablar rápidamente o perder el hilo de una conversación.
Las alucinaciones pueden ser auditivas, visuales, táctiles, olfativas o gustativas, mientras que los delirios son creencias persistentes que no concuerdan con la cultura ni con la realidad, como sentirse controlado por fuerzas externas, creer en poderes especiales o experimentar paranoia. Las tres etapas de la psicosis incluyen el pródromo, la fase aguda y la recuperación, donde los síntomas disminuyen con un tratamiento adecuado.
Las causas de la psicosis son variadas y no siempre claras, aunque se cree que los factores genéticos desempeñan un papel. Los desencadenantes psicológicos incluyen el estrés severo, la ansiedad, la depresión y la privación del sueño. Traumas significativos, como la pérdida de un ser querido o agresiones, también pueden precipitar episodios psicóticos, al igual que diversas condiciones médicas como lesiones cerebrales traumáticas, tumores, derrames cerebrales, Parkinson, Alzheimer, demencia, VIH/SIDA, lupus y esclerosis múltiple.
El uso de sustancias, incluyendo el cannabis, la cocaína, las anfetaminas y el alcohol, puede inducir psicosis, a menudo exacerbando una predisposición subyacente. En muchos casos, los síntomas desaparecen al suspender el consumo de la sustancia. Ciertas afecciones específicas, como la psicosis posparto, la psicosis bipolar, la psicosis postictal (relacionada con la epilepsia) y la psicosis mixedematosa (por hipotiroidismo), también han sido identificadas.
Es fundamental buscar atención médica o de salud mental de inmediato ante la aparición de cualquier síntoma de psicosis. El diagnóstico se basa en una evaluación clínica que descarta causas físicas o relacionadas con sustancias, y no existen pruebas específicas para la psicosis. Las complicaciones incluyen la dificultad para el autocuidado, el abuso de sustancias como mecanismo de afrontamiento y un mayor riesgo de autolesiones o suicidio.
El tratamiento temprano mejora significativamente los resultados y a menudo implica un enfoque coordinado de atención especializada, que combina medicación antipsicótica y terapias psicológicas. La terapia cognitivo-conductual (TCC), la psicoterapia de apoyo y la terapia de mejora cognitiva son algunas de las modalidades empleadas, frecuentemente con el apoyo y la educación familiar, para ayudar a los pacientes a manejar los síntomas y reintegrarse en sus rutinas diarias.
Créditos: Información detallada de WebMD, revisada por la Dra. Poonam Sachdev el 9 de octubre de 2025.





