Científicos Identifican Método para Atenuar la Respuesta al Miedo en el Cerebro.

Redac­ción Fron­tera Ink.

Cien­tí­fi­cos de la Uni­ver­si­dad de Rad­boud han desar­rol­la­do un méto­do para reducir tem­po­ral­mente las respues­tas de miedo en el cere­bro humano uti­lizan­do estim­u­lación tran­scraneal por ultra­sonido. Este avance, pub­li­ca­do el 5 de abril de 2026 en la revista *Sci­ence Advances*, sug­iere una nue­va vía para el tratamien­to de trastornos como el estrés pos­traumáti­co (TEPT) y la ansiedad.

La inves­ti­gación se cen­tró en la amíg­dala, una estruc­tura cere­bral pequeña recono­ci­da por su papel cen­tral en la gen­eración y per­sis­ten­cia de las respues­tas de miedo. Esta región es cru­cial para el apren­diza­je rápi­do ante el peli­gro y para reten­er esas lec­ciones, a menudo mucho después de que la ame­naza real ha desa­pare­ci­do. En condi­ciones como el TEPT, esta per­sis­ten­cia puede atra­par a los indi­vid­u­os en un esta­do con­stante de temor.

Los inves­ti­gadores uti­lizaron ondas sono­ras focal­izadas y de baja inten­si­dad, envi­adas a través del crá­neo, para suprim­ir la activi­dad de la amíg­dala en par­tic­i­pantes sanos durante perío­dos breves. Pos­te­ri­or­mente, realizaron un exper­i­men­to con­tro­la­do de apren­diza­je del miedo, empare­jan­do imá­genes de ser­pi­entes con descar­gas eléc­tri­c­as suaves. Se observó que los par­tic­i­pantes con la amíg­dala aten­u­a­da for­maron aso­cia­ciones de miedo más lenta­mente.

Además, estos indi­vid­u­os lograron desvin­cu­larse del miedo de man­era sig­ni­fica­ti­va­mente más ráp­i­da una vez que la ame­naza percibi­da ya no esta­ba pre­sente. Los hal­laz­gos indi­caron que la capaci­dad gen­er­al de los par­tic­i­pantes para apren­der lec­ciones de situa­ciones temerosas no se vio afec­ta­da, sino úni­ca­mente la parte direc­ta­mente rela­ciona­da con la reten­ción del miedo. Esto sug­iere que el cere­bro no perdió su capaci­dad de apren­diza­je, sino su apego al miedo.

Un exper­i­men­to de seguimien­to en el hipocam­po, una región cere­bral cer­cana involu­cra­da en la memo­ria, no mostró efec­tos sim­i­lares, con­fir­man­do la especi­fi­ci­dad de la amíg­dala en este pro­ce­so. Sin embar­go, se iden­ti­ficó que los par­tic­i­pantes con la activi­dad de la amíg­dala suprim­i­da tam­bién for­maron recuer­dos menos pre­cisos sobre las ame­nazas, ten­di­en­do a sobres­ti­mar la fre­cuen­cia de los peli­gros ocur­ri­dos. Este detalle sub­raya el rol de la amíg­dala en la cal­i­bración de las respues­tas de miedo.

La tec­nología de ondas sono­ras dirigi­da a la amíg­dala pre­sen­ta impli­ca­ciones con­sid­er­ables para las per­sonas que sufren de TEPT y trastornos de ansiedad, enfer­medades car­ac­ter­i­zadas por respues­tas de miedo que se resisten a disi­parse. Si esta téc­ni­ca demues­tra ser viable en prue­bas futuras, podría ofre­cer una her­ramien­ta para que el cere­bro sea menos efi­ciente en afer­rarse al miedo o más hábil para lib­er­ar­lo.

Crédi­tos: Infor­ma­ción detal­la­da pro­por­ciona­da por Luis Pra­da (5 de abril de 2026) y artícu­lo pub­li­ca­do en *Sci­ence Advances*.