Redacción Frontera Ink.
Pekín ha consolidado sus defensas contra las interrupciones energéticas globales, acumulando vastas reservas de petróleo y promoviendo agresivamente las energías renovables, una estrategia que la posiciona para resistir la actual conmoción energética provocada por la guerra en Medio Oriente, a pesar de ser el principal comprador mundial de crudo. Esta preparación, motivada por una preocupación de larga data por las crisis geopolíticas, se ha intensificado desde la primera administración de Donald Trump en Estados Unidos.
China ha impulsado masivamente la capacidad de energía solar, eólica e hidroeléctrica, lo que ha llevado a una disminución de la demanda interna de petróleo refinado, diésel y gasolina. Simultáneamente, el país ha aprovechado la tecnología para reducir su dependencia de materias primas extranjeras esenciales para sus industrias manufactureras.
El Partido Comunista chino considera sus industrias como el pilar de su seguridad nacional, un enfoque que ha profundizado para desarrollar sectores locales estratégicos. Heiwai Tang, director del Instituto Global de Asia de la Universidad de Hong Kong, señaló que se observa una política industrial impuesta desde arriba para reforzar sectores clave y evitar el control de potencias occidentales.
La energía ha sido central en esta transformación. China, que hace una década era el mayor mercado de automóviles de combustión, es ahora el líder en vehículos eléctricos. Además, ha virado del petróleo a la producción nacional de carbón para obtener productos petroquímicos esenciales como metanol y amoníaco sintético, una tecnología empleada históricamente por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Mientras el Estrecho de Ormuz permanece en gran parte cerrado, China ha demostrado una resiliencia superior a la de gran parte del resto del mundo. El país puede alimentar muchos de sus vehículos y trenes con electricidad, y sus refinerías ahora utilizan principalmente carbón, en lugar de petróleo, para fabricar productos petroquímicos.
En un reflejo de su posición consolidada, China ofreció ayuda a Vietnam y Filipinas el mes pasado ante la grave escasez de petróleo y otras fuentes de energía en esos países. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino afirmó que Pekín está dispuesto a reforzar la coordinación y colaboración en la seguridad energética con las naciones del Sudeste Asiático.
La preocupación por la dependencia energética externa ha sido una constante en la política china. A principios de siglo, la vulnerabilidad del Estrecho de Malaca impulsó la creación de una reserva de petróleo de emergencia en 2004, cuyas existencias han aumentado rápidamente en los últimos meses.
Décadas atrás, China dependía de empresas químicas extranjeras para abastecer sus fábricas. Sin embargo, las empresas chinas dominan ahora gran parte del suministro mundial de productos químicos, fabricando, por ejemplo, tres cuartas partes del poliéster y el nailon globales.
Aunque China sigue siendo el mayor comprador mundial de petróleo y gas, con tres cuartas partes de su crudo importado, sus esfuerzos de autosuficiencia están rindiendo frutos. La demanda de petróleo refinado, gasolina y diésel ha disminuido durante dos años consecutivos, lo que sugiere que el consumo de petróleo y gas del país podría haber alcanzado su punto máximo.
Joerg Wuttke, ex representante jefe en China de BASF, la empresa química alemana, destacó que estos avances fueron impulsados por grandes inversiones gubernamentales, préstamos a bajo interés y un fuerte impulso a la ingeniería química en las universidades. Estos esfuerzos se aceleraron bajo la dirección de Xi Jinping y durante la primera presidencia de Donald Trump.
Las políticas confrontacionales de Trump con China, incluyendo la guerra comercial y el enfrentamiento tecnológico, encendieron las alarmas en Pekín y motivaron una mayor autosuficiencia. Li Keqiang, entonces primer ministro, en 2019, instó a China a usar carbón para electricidad y productos químicos, alejándose de las políticas previas de reducción del carbón.
En 2020, en medio de la pandemia y las tensiones con Estados Unidos, China publicó una hoja de ruta oficial sobre cómo superar las turbulencias, atribuida a Xi. Este documento, publicado en la revista teórica Qiushi, instó a las industrias chinas a desarrollar tecnologías más rápido que sus competidores extranjeros para lograr la autosuficiencia.
Lauri Myllyvirta, cofundador del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, señaló que la “Trump 1.0” fue un punto de inflexión que reactivó viejos temores en China y permitió el auge de la petroquímica basada en carbón. En 2024, China utilizó 276 millones de toneladas equivalentes de carbón para fabricar productos químicos, superando el consumo total de carbón de Estados Unidos, y la cifra aumentó un 15 por ciento en 2025.
Funcionarios chinos han indicado que el uso de carbón es un puente temporal hacia una mayor dependencia de las energías renovables, y se han realizado inversiones en tecnologías que utilizan electricidad para fabricar petroquímicos. El uso del carbón como alternativa al petróleo está demostrando ser beneficioso en un momento de escasez y altos precios.
Un ejemplo es el fertilizante nitrogenado: China produce un tercio del suministro mundial, con el 80 por ciento fabricado a partir de carbón. Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, los precios internacionales de la urea han subido más del 40 por ciento, mientras que los precios internos de China se han mantenido a menos de la mitad de la tasa global. Johanna Krebs, analista del Instituto Mercator de Estudios Chinos, considera que los chinos ven esto como un estímulo en su camino hacia la autosuficiencia.
Créditos: The New York Times en Español.





