Creciente el Rechazo Público a la Inteligencia Artificial Generativa.

Redac­ción Fron­tera Ink.

Un cre­ciente rec­ha­zo públi­co a la inteligen­cia arti­fi­cial (IA) gen­er­a­ti­va se ha inten­si­fi­ca­do a medi­da que las her­ramien­tas se pro­lif­er­an y sus impactos neg­a­tivos se vuel­ven más evi­dentes, mar­can­do un cam­bio en la per­cep­ción gen­er­al de la tec­nología. Las pre­ocu­pa­ciones abar­can des­de el desplaza­mien­to de tra­ba­jadores has­ta el daño ambi­en­tal y las vio­la­ciones de dere­chos de autor.

La apli­cación de apren­diza­je de idiomas Duolin­go exper­i­men­tó un fuerte revés en la per­cep­ción públi­ca en mayo, después de anun­ciar su trans­for­ma­ción en una empre­sa “AI-first” y su plan para reem­plazar a con­tratis­tas con autom­a­ti­zación. La noti­cia provocó una ola de indi­gnación en redes sociales, con jóvenes usuar­ios elim­i­nan­do la apli­cación y expre­san­do su eno­jo por el reem­pla­zo de empleos.

Sam Dal­simer, por­tavoz de Duolin­go, enfa­tizó que “la IA no está reem­plazan­do a nue­stro per­son­al” y afir­mó que todo el con­tenido gen­er­a­do por IA se creará “bajo la direc­ción y guía de nue­stros exper­tos en apren­diza­je”. No obstante, la com­pañía mantiene su plan de reducir el uso de con­tratis­tas exter­nos para tar­eas autom­a­ti­z­ables.

La estrate­gia de Duolin­go refle­ja una ten­den­cia más amplia en la indus­tria tec­nológ­i­ca. Empre­sas como Klar­na, un ser­vi­cio de “com­pra aho­ra, paga después”, y Sales­force, una com­pañía de soft­ware, han señal­a­do que la IA reducirá la necesi­dad de nuevas con­trat­a­ciones en roles como ser­vi­cio al cliente e inge­niería.

Además de la ame­naza al empleo, la críti­ca hacia la IA gen­er­a­ti­va se cen­tra en diver­sas prob­lemáti­cas. Entre ellas se incluyen los resul­ta­dos propen­sos a errores, el impacto ambi­en­tal de los cen­tros de datos, los posi­bles efec­tos en la salud men­tal de los usuar­ios y las pre­ocu­pa­ciones sobre vio­la­ciones de dere­chos de autor al entre­nar mod­e­los con obras exis­tentes.

Ini­cial­mente, her­ramien­tas como Chat­G­PT gener­aron asom­bro en 2022. Sin embar­go, artis­tas y creadores pron­to denun­cia­ron que sus obras visuales y tex­tuales esta­ban sien­do uti­lizadas sin con­sen­timien­to para entre­nar estos sis­temas, inten­si­f­i­can­do el descon­tento que se man­i­festó durante la huel­ga de guion­istas de Hol­ly­wood en 2023 y con­tinúa con diver­sas deman­das por dere­chos de autor.

La pre­ocu­pación públi­ca ha cre­ci­do sig­ni­fica­ti­va­mente. Según el Pew Research Cen­ter, el por­centa­je de adul­tos esta­dounidens­es más pre­ocu­pa­dos que entu­si­as­ma­dos con la IA aumen­tó del 38% antes del lan­za­mien­to de Chat­G­PT a un 52% a fines de 2023, man­tenién­dose en ese umbral des­de entonces.

Exper­tos como Bri­an Mer­chant, autor de “Blood in the Machine”, y Alex Han­na, direc­to­ra de inves­ti­gación en el Dis­trib­uted AI Research Insti­tute, han obser­va­do una “ani­mosi­dad ambi­en­tal” y el “trolling” gen­er­al­iza­do en línea con­tra el con­tenido gen­er­a­do por IA. Esta hos­til­i­dad se ha exten­di­do a platafor­mas como LinkedIn, Spo­ti­fy y Red­dit, donde los usuar­ios expre­san frus­tración por la invasión de la IA.

La frus­tración tra­sciende las redes sociales y se man­i­fi­es­ta en el mun­do real. Padres expre­san inqui­etudes sobre el impacto de la IA en la salud men­tal de sus hijos, y comu­nidades rurales se opo­nen a los cen­tros de datos que ali­men­tan estas her­ramien­tas, citan­do la con­t­a­m­i­nación ambi­en­tal. En Mem­phis, Ten­nessee, la con­struc­ción de un gran cen­tro de datos de xAI, propiedad de Elon Musk, ha gen­er­a­do con­tro­ver­sia por el uso de gen­er­adores a gas metano.

Shan­non Val­lor, filó­so­fa de la tec­nología y auto­ra de “The AI Mir­ror”, señala que, a difer­en­cia de la era de inter­net que democ­ra­tizó el acce­so a la infor­ma­ción, la era de la IA gen­er­a­ti­va parece con­cen­trar las opor­tu­nidades en aque­l­los que ya poseen una despro­por­ciona­da can­ti­dad de recur­sos. Las comu­nidades mar­gin­adas, a menudo, sopor­tan los may­ores daños, como la ubi­cación de cen­tros de datos con­t­a­m­i­nantes en áreas empo­bre­ci­das.